Él era dos cosas,esas dos cosas y muchas más: ángel y demonio, hombre y mujer, hombre y animal, bien supremo y mal profundo. Lo llamaba amado y presentía su beso, que todo lo colmaba; lo llamaba demonio y prostituta, vampiro y asesino. Me inspiraba los sueños más tiernos y las más salvajes obscenidades: para él nada era demasiado bueno o demasiado agradable, demasiado malo o demasiado bajo.
No te dejaré hasta que me hayas bendecido. Creamos dioses y luchamos con ellos; y ellos nos bendicen.